viernes, 14 de noviembre de 2008

Medicina Yoruba

 

La medicina Yoruba tiene sus raíces en el culto de Ifa, un texto religioso revelado por el profeta místico, Orunmila, hace más de 4.000 años en la antigua ciudad de Ile, en Yorubaland.

Las enseñanzas de Orunmila al Pueblo Yoruba se centran en la adivinación,  la oración, el baile, gestos simbólicos, la superación personal y comunitaria, los baños espirituales, la meditación y la farmacia herbaria. Aunque la medicina Yoruba se ha practicado en África durante más de 4.000 años, sus principios fundamentales son poco conocido fuera de los países donde se ha venido practicando. Las técnicas médicas de diagnóstico y tratamiento que emplea , tratan no solo de neutralizar las fuerzas negativas de la enfermedad en el cuerpo humano, sino también lograr el esclarecimiento espiritual y la superación como medios para liberar el alma.

Para entender los principios de la medicina yoruba , hay que tener en cuenta otra cultura médica de la que ella procede, la medicina del Antiguo Egipto, lugar donde por primera vez en la historia médica se separaron los elementos religiosos, mágicos y empíricos, y de donde, hacia el año 750 a.c., el griego Hipócrates, padre de la medicina occidental, aprendería los principios y las técnicas que llevaría a Europa.

Cuando el Pueblo Yoruba inició su emigración desde el Valle de Nilo, hace más de 4.000 años, llevaron consigo la ciencia medica egipcia, sus conocimientos herbarios, y fueron incorporando a ambos su propio ideario religioso y sus hábitos culturales.

De un punto de vista conceptual, el herbalismo Osain (yoruba) es una religión, una filosofía, y una ciencia, Así, los practicantes del sistema Osain, buscan el equilibrio entre la salud corporal, su ser espiritual (realidad inmortal), y su relación con el Ser Supremo. Esto se logra a través de  hierbas, baños espirituales, una vida recta, dieta, y la realización de determinados rituales. Por esto, Osain es un viaje interior que abarca todos los aspectos de la vida.

El trabajo del Oloogun (sanador) es ayudar al paciente a superar las fuerzas contrarias que rompen su salud. Los Orisha o espíritus (deidades) enviados desde el cielo por Olorun, el dios Supremo, para luchar continuamente a favor de la superación y purificación de la naturaleza humana, se ven constantemente en lucha con los "ajogun", seres demoníacos, fuerzas destructivas de la naturaleza que tratan de corromper y destruir al ser humano.

De entre los muchos Orisha del sistema Osain que sirven a propósitos diferentes, exponemos a continuación, los siete Orisha mayores. (Estos siete Orishas tienen una clara correlación con el antiguo concepto egipcio de las siete aperturas en la cabeza.)

Orisha

Atributos

Obatala

Creador de Forma Humana, pureza Blanca, enfermedad de las Curas y deformidades.

Elegba

El Mensajero, es el primer negociador entre las fuerzas negativas y positivas del cuerpo. Auxiliador para reforzar el poder de las hierbas.

Ogun

Orisha del Hierro, divinidad que ilumina el camino respeto a los obstáculos o la interrupción del flujo o energía vital en varios puntos en el cuerpo. Es el liberador.

Yemoja

La madre de las Aguas, Sexualidad, de las Aguas Originales. El fluido de amniotic en el útero de la mujer embarazada, así como, los pechos que alimentan. Es la energía protectora de la fuerza femenina.

Oshun

Sensualidad, Belleza, Gentileza, ella simboliza claridad y el movimiento fluido, ella tiene poder para sanar con agua fresca, es también la divinidad de la fertilidad y del ser femenino.Protege de los desórdenes en el cuerpo de la mujer.

Shango

La Virilidad, Masculinidad, dios del Trueno, creador del trueno y los relámpago. Posee la habilidad de transformar los elementos pobres en puros y valiosos.

Oya

Tempestad, Guardián del Cementerio, los Vientos de Cambio, las Tormentas, Progresión, que ella normalmente está en  compañía de su colega Shango, es la deidad del renacimiento. Hay cosas que deben morir para que surjan y nazcan los nuevos principios.

Cada uno de estos Orishas en una fuerza que activa o estimula a otro Orisha. Cada Orisha se caracteriza por ciertos atributos y está a cargo de las funciones de órganos específicos del cuerpo. Cada uno tiene su fuerza dual , ajogun (fuerza demoníaca) y Orisha (fuerza positiva). Cada uno de estos Orishas se situan en un lugar específico del cuerpo. Por consiguiente, es importante usar el tratamiento herbario correspondiente para corregir la enfermedad concreta.

Orisha

Correspondencias físicas

Obatala

problemas de  la cabeza, huesos, fluidos blancos del cuerpo,

Elegba

sistema nervioso

Yemoja

útero, hígado, pechos, nalgas,

Oshun

sistema circulatorio, órganos digestivos, sistema de eliminación, zona púbica (hembra)

Ogun

corazón, riñón (glándulas suprarrenales), tendones, y nervios

Shango

sistema reproductor (varón), médula osea, fuerza vital

Oya

pulmones, sistema respiratorio, membranas mucosas,

EWE (Hierbas)

Orisha

Ewé (Hierbas Medicinales)

Obatala

Skullcap, Salvia, Nuez de Kola, Albahaca, Hisopo, Verbena Azul, Sauce Blanco, Valeriana,,

Elegba

Todas las Hierbas

Oshun

Burdock, Canela, Damiana, Anis, Frambuesa, Chamomile, Loto, Buchu, Mirra, Echinacea,,,

Yemoja

Alga marina, Cohosh, Áloe, Spirulina, Mentas, Flor de la Pasión, Raíz de Ñame silvestre.

Ogun

Eucalipto, Alfalfa, Majuelo, Perejil, Ajo,,

Oya

Mullein, Raíz de la Pleuritis, Elecampane,

Shango

Plátano, Hibisco, Zarzaparrilla, Cayena,

Diagnóstico y Tratamiento

El Oloogun (médico) que practica la medicina yoruba, además de analizar los síntomas del enfermo, busca las causas emocionales y espirituales de la enfermedad para aplacar las fuerzas negativas (ajogun) y sólo después, propondrá el tratamiento que considere adecuado y que puede incluir, además de hierbas en forma de infusión, enema, etc., baños espirituales, un sacrificio simbólico, canciones, bailes, oraciones, así como un cambio en la dieta del enfermo.

Según la medicina yoruba, siempre que nosotros escuchemos a nuestros cuerpos, él nos proporcionará la preparación y el conocimiento apropiado que necesitamos para recobrar nuestro equilibrio.Consideran que la única curación completa para una dolencia debe incluir un cambio de "conciencia" (Ori) donde el individuo reconoce la causa de la raíz y desea eliminarla. Critican la curación superficial del médico Occidental, que mediante drogas elimina le efecto molesto del dolor, pero que al no eliminar las causas que provocan los síntomas de la enfermedad, ésta, aunque de momento deje de manifestarse, puede volver a crear el mismo mal al enfermo.

jueves, 1 de mayo de 2008

brujeria

BRUJERIA
Hacemos dos secciones separadas: dedicada una a la Brujería y la otra a la Magia
Al referirnos a la Brujería, hablamos de determinados poderes maléficos de carácter hereditario que determinadas personas poseen, incluso sin saberlo ellas mismas, para causar daño en las personas y sus bienes.
En cambio hablaremos de la Magia como de las técnicas adquiridas por una persona para actuar sobre la naturaleza, generalmente para provocar el bienestar en los enfermos, asegurar una buena cosecha, procurar defensas contra determinados peligros, etc. En este sentido, a veces la magia va intimamente unida a la medicina y a la adivinación. Y todos estos conceptos, a su vez, guardan una relación inseparable con la religión y la mitología.
La brujería, fenómeno presente en todo el mundo, consiste en que algunas personas, especialmente mujeres, tienen la facultad inconsciente de separar su espíritu de su cuerpo para actuar de forma independiente, usando como vehículo otros cuerpos u objetos para poder materilizarse y poder llevar a cabo lo que desean. Esta separación suele producirse durante el sueño y este poder es utilizado habitualmente para provocar daños sobre las personas, los bienes, la familia o la comunidad.
El brujo o bruja no es consciente de lo que hace y no recuerda nada de lo que su espíritu ha hecho mientras su cuerpo dormía. Generalmente actua contra las personas cercanas, especialmente contra los miembros de su propia familia.
Sus manifestaciones, siempre nefastas, pueden ser muy variadas: desde provocar enfermedades, hacer que una persona actue de forma socialmente desordenada, se vuelva alcoholica, estéril o impotente, ... Pero también puede actuar sobre la naturaleza provocando todo tipo de cambios climáticos catastróficos y cambios sobre los objetos. En general puede decirse suelen ser los responsables de todos los acontecimientos no comprensibles.
Por ejemplo, si en una aldea un día se derrumba la "casa de la palabra" en pleno día y mientras estaban en ella determinadas personas y el accidente provoca alguna desgracia a alguna persona determinada se habrá debido a que un brujo o bruja ha provocado el accidente. En la aldea todo el mundo es consciente de que las construcciones se van deteriorando y pueden llegar a caerse si no se hace las reparaciones oportunas. Sin embargo el hecho extraordinario es que dicha catástrofe se produzca en un momento determinado en que se encontraban dentro de la "casa de la palabra" determinadas personas. Si durante 24 horas que tiene el día y 365 dias que tiene el año son muchos mas los momentos en que en la "casa de la palabra" no hay nadie ¿porqué se derrumba ese día concreto y a esa hora determinada en que estaban en ella esas personas particulares? No es lógico ni normal que suceda un accidente de esa naturaleza por lo que la explicación es que una fuerza extraordinaria ha provocado la desgracia esa extraña coincidencia.
Los brujos o brujas más peligrosos son aquellos que adquirieron su poder antes del nacimiento y nacen "malas" personas. Suele ser hereditario por lo que a veces se da con más regularidad en determinadas familias.
Actuan de noche, transformándose en determinadas aves nocturanas como entre los sagala de Tanzania para desplazarse, en objetos como árboles (entre los kongo) que aparecen al día siguiente en diferente lugar, en bolas de fuego entre los hanga de Ghana. A menudo se ceban sobre un familiar, un hijo por ejemplo, a quien durante el sueño le van robando la fuerza vital y tras muchas noches de chuparle la salud acaban consiguiendo que enferme u incluso que muera.
No es fácil descubrir a un brujo o bruja aunque determinados síntomas pueden llevar a que una persona sea sospechosa de brujería. Síntomas como la abundacia de bello en el menton de las mujeres, ojos irregurlarmente enrojecidos, tartamudez, carácter huraño, afán desmedido por atesorar dinero, ...
Casi todos los pueblos donde se cree en la existencia de brujos suele haber personas o grupos de personas especializados en descubrirlos. Normalmente cuando una persona comienza a padecer una extraña enfermedad o le suceden desgracias repentinas acuden a la Adivinación o a la Magia para resolver el problema que se piensa que puede estar siendo ocasionado por la influencia de algún brujo o bruja cercano.
Una vez descubierto un brujo o bruja las consecuencias varían en cada zona: el brujo o bruja puede ser condenado al ostracismo social como entre los azande o puede ser tratado por un especialista, como entre los ewe, que mediante determinadas técnicas y largos procesos de tratamiento psicológico y mágico pueden llegar a sacar de su cuerpo esa fuerza espiritual que les condena a ocasionar el mal a los que le rodean.

ancestros

“Visitantes del Cielo – Ara òrun.”

Antepasados.
Es un elemento cardinal en la educación yoruba el honrar el pasado antes de emprender una nueva tarea. Se enseña a reflexionar en como las circunstancias del pasado pueden configurar las condiciones del presente y las esperanzas del futuro. El ejemplo tomado de las realizaciones pasadas es la base de las realizaciones futuras. Cada uno de nosotros tenemos el sagrado deber de perfeccionar la obra de nuestros antepasados que a su vez, perfeccionaron la obra de la creación. La razón de nuestra existencia está clara en el pasaje bíblico que dice: “Así en la tierra como en el cielo”. (*El cielo representa para los yorubas la morada de los familiares difuntos - Ode ara òrun).

La reverencia que se concedió a los parientes difuntos que se creían que se volvían seres espirituales poderosos o, menos frecuentemente, para haber logrado el estado de dioses, está basado en la creencia de que los antepasados son miembros activos de la sociedad y todavía están interesado en los asuntos de sus parientes vivientes. El culto a los antepasados es común, aunque no universal. En general, se cree que los antepasados manejan con gran autoridad y tienen poderes especiales para influir en el curso de los eventos o controlar el bienestar de sus parientes vivientes. La protección de la familia es uno de sus preocupaciones principales. Ellos son considerados intermediarios entre el dios supremo, o los dioses y las personas.

Eegun (Egúngún) es el Òrishà que simboliza a todos los antepasados hombres de un linaje. En su sentido metafórico, representa nuestros hábitos familiares y las costumbres legadas mediante las enseñanzas de la escuela familiar dirigidas por el más viejo, desde el preciso momento del surgimiento de los clanes.

Eegun además, es el antepasado común o quién se identifica con un tótem común o animal. Los símbolos y las prácticas se basaron en una relación supuesta entre un individuo o un grupo social y un objeto natural conocidos como un tótem. El tótem puede ser una especie particular de pájaro, animal o planta, un fenómeno natural o un rasgo del paisaje con el que un grupo cree que se unió de alguna manera. La descendencia puede remontarse a un antepasado totémico original que se vuelve el símbolo del grupo. Los yorubas individualmente se han conocido por cultivar una amistad personal con un animal totémico (Ekùn – leopardo) particular o planta. Interpretarse así como un dispositivo conceptual para ordenar a los grupos sociales por medio de los emblemas naturales. Los tótemes se identifican y simbolizan a un grupo en el que se comparte el interés común particularmente para la protección del pariente miembro.

Los yorubas aseguran que los difuntos reencarnan en sus nietos y biznietos. Bàbátúndé (el padre a regresado) es el nombre que lleva un niño nacido inmediatamente después de la muerte de su abuelo y Yeyétúndé el nombre de la niña nacida después de la muerte inmediata de la abuela. Es muy común, durante la invocación a los antepasados, asistir a los difuntos que han muerto en su mayoría de edad. La muerte está hecha para la edad avanzada y dadas las condiciones correctas, cada persona debería vivir hasta una edad madura. La muerte de una persona anciana es una ocasión de regocijo porque la persona solo ha sido llamada a casa y sus hijos viven para enterrarle. Cuando se escucha hablar sola a una persona envejeciente, se cree que está hablando a sus asociados o parientes que ya han partido. Si se pregunta, dirá algo que lo confirme. Los yorubas dicen de tales personas envejecidas, que ya no escuchan lo que decimos; ya que su conversación es con aquellos que están “en el otro lado”

Los peligros que entraña la relación directa con los ancestros a través de la reencarnación parcial.

La reencarnación parcial es que aquellos que han entrado en la Vida Después, ahí se mantienen y ahí los sobrevivientes y sus hijos después de ellos pueden mantener interacción ininterrumpida con ellos, especialmente si ellos han sido buenas personas en la tierra y estaban maduros (sanos) a la hora de su muerte. Aquellos que están en el mundo pueden tener una comunión con ellos y que aquellos están allí con todas las cualidades intactas.

Esto demuestra que la adoración a los ancestros es una nomenclatura para aquello que de hecho no es “Adoración”, pero si una manifestación de una relación familiar irrompible entre los padres que han partido de este mundo y sus retoños que aún están aquí. Se cree que nuestros familiares muertos mantienen un contacto con sus familiares vivos de tiempo en tiempo para luego volver a reencarnar. La primera reaparición se manifiesta a los 40 días después de su fallecimiento y luego, después, una vez por año.

Mediante el culto a los ancestros hay ciertas características lineales dominantes que siguen recurriendo a través de nacimientos y así aseguran la continuidad de la existencia vital de la familia o clan. Dentro de la liturgia yoruba, se le realizan diferentes tipos de ofrecimientos e invocaciones para recibir estas características y adquirir, mediante ello, determinadas facultades que nos son necesarias para afrontar los problemas existenciales.

Los yorubas creen que el difunto puede ser visto a través de sueños o trances y que ellos pueden impartir información o explicación, que pueden dar instrucciones sobre asuntos en los que la familia está en serios aprietos. También pueden enviar mensajes a través de otras personas. Otros pueden curar las enfermedades en los niños. Si hay una pestilencia, por ejemplo, la viruela, o un número grande de muertes súbitas o una proporción alta de mortalidad infantil en un pueblo, se dan ofrendas a los Eegun y la furia del desastre mengua. Son dos razones bastante comunes para buscar la ayuda del Òrishà Eegun.

Los difuntos pueden, también, aparecer a una persona ya sea para dar dirección o ayuda, o para molestar. En muchas ocasiones a través de los ofrecimientos realizados recibimos, de los difuntos, las influencias nefastas que fueron causas de sus dolencias cuando eran seres encarnados. Algunos antepasados pueden afligir a los seres humanos con enfermedades mentales, sobre todo causándoles ver a los seres sobrenaturales en sueños.

Los ritos que se llevan a cabo, deben guardar ciertas exigencias para que se reciban los más altos valores, de los antepasados, mediante la metempsicosis (transmigración de las almas de un cuerpo a otro) y evitar la transmisión, o legado espiritual de los malos hábitos y adversidades que dañaron su existencia terrenal.

Las prácticas “Espiritistas” no aseguran dichas exigencias y representan, en el mundo actual, el principal foco de transmisión de achaques, enfermedades, problemas sociales y de los malos legados espirituales de nuestros ancestros. Ejemplo de ello lo podemos encontrar en ciertas que pertenecen a los odù Ifá Òtura Oniko, Òdí Òshé y Òtura Òbàrà.

Estamos seguros de que la mayoría de los problemas sociales que se presentan en la vida cotidiana de los practicantes del culto yoruba y espiritista, son producto de la evocación indiscriminada de ciertos difuntos que, “cuando animaban carne”, tuvieron imnumerables problemas, también sociales. Así como, con la adoración a nuestros antepasados esclavos incorporamos, a nuestra vida y a nuestra formación, todos los lamentos y marginaciones a que estos fueron sometidos. El hecho se comprueba, en este momento histórico, cuando analizamos que un gran por ciento de los practicantes están vetados de los privilegios sociales y que su suerte esta limitada en la marcha escalonada del desarrollo de la actual civilización.

En los practicantes muchas veces notamos actitudes de sumisión, bajo nivel intelectual, violencia, prejuicios, mala conducta social que, generalmente, los conlleva a una reclusión penitenciaria, problemas familiares que inciden en la unión de la familia, etc. Se pueden observar muchos razgos que son inherentes a nuestros antepasados esclavos. Todas las visicitudes del pasado se han ido transmitiendo de una generación a otra, no sólo por una mala formación en el seno de la familia sino, fundamentalmente, por la metempsicosis que se producen mediante el culto a nuestros antepasados.

Concepto filosófíco del culto a los antepasados.

Los Yoruba generalmente distinguen por lo menos, tres almas separadas:

Èmí (la respiración)
Orí u Elédàá (la cabeza).
Òjìjì (la sombra)

Definiciones.

Èmí (respiración, sangre, algo que existe a lo largo del cuerpo), el significado general es que èmí es el espíritu del hombre, el principio vital, misterioso que distingue a una persona viviente de una persona muerta.

Orí es el invisible e intangible. Es el destino de uno, es lo que llamamos suerte. Si uno es afortunado en la vida, es debido a un Orí bueno. Si uno tiene muchos infortunios, éstos son debidos a un Orí malo. En este sentido invisible, Orí quiere decir también compañero doble o espíritu guardián (Elédàá). El Orí de uno lo sigue a la tierra y continúa con él después de su muerte. (ver odù Ifá Ogbè yonu)

Ojìjì, según Bascom, no tiene ninguna función durante la vida. Ella sigue al cuerpo nada más que superficialmente. Òjìji asciende al cielo para unirse a los miembros muertos de la familia. La sombra de una persona no se puede capturar para ser usada por una persona viviente para sus propios propósitos. Pero si la presencia del Òjìjì de un difunto, puede asistirnos en la vida para realizar, de forma exitosa, determinadas obras. Cuando se invoca a un difunto líder religioso, su Ojìjì puede influir en que se realice una buena liturgia. En el caso de un asesinato, sin embargo, un pariente puede utilizar la sombra de la víctima para vengar el crimen.

Seguidamente veremos los espíritus fundamentales que hay que tener en cuenta en la realización de la liturgia y de los sacrificios a nuestros antepasados.

1.- Èmí.- Es mediante el cual, a través de los ìyèrè, podemos lograr la asistencia del difunto.

2.- Òrí.- Se mantiene en el cuerpo del animal del sacrificio (quien representa al difunto). El destino propio del difunto (orí) debe acompañarlo en su largo viaje, este no es inherentes a nosotros.

3.- Òjìjì.- Es la influencia del difunto que recibimos en el medio (la sombra del árbol que nos cobija y asiste – Igi bàálè le yí wò). Representa el regreso.

4.- Okàn.- Asiento de la emoción y de la energía física. Este espíritu se aloja en el corazón de los seres humanos, en algunos casos lo comemos del animal sacrificado para recibir la energía física y emotiva del difunto, siempre y cuando hayan sido buenas.

5.- Iponri (ipin ori).- La suerte de Orí. – Vive en los dedos gordos de las personas, a los animales que son ofrecidos se le amarran las patas para no recibir la suerte del difunto.


Nota.- Existe un espíritu denomidado Enikèjì, cada ser humano tiene un doble, si soñamos con asistir a una recolección de frutos, ese doble está en asistencia. Los sinónimos de Orí en el sentido invisible incluyen: ìpín, òjìji y enikejì.- Es el que nos proporciona desde el cielo las buenas cosas del difunto. Mediante el sacrificio se logra la interelación del doble espiritual (enikeji) del difunto del que tomamos los más preciados valores morales y espirituales. En el caso de los animales que se le sacrifican a las divinidades, se le arranca la cabeza y éstos representan a la persona que lo ofrece. Los animales van al cielo sin cabeza (a casa de Ajala) para recibir un nuevo destino o conducta. Al mismo tiempo, materializamos, en nosotros, ciertos valores que emanan de los artículos que fueron ofrecidos como sacrificio. El que se ofrece a Eegun representa al difunto (no se le arranca la cabeza – nadie puede ser enterrado sin su Orí), al cual se le rinden todos los honores de un cadáver y solo lo convocamos para recibir la parte espiritual (Òjìjì - ideas) y no materializar su anterior vida.



“Visitantes del Cielo – Ara òrun.”





Antepasados.

Es un elemento cardinal en la educación yoruba el honrar el pasado antes de emprender una nueva tarea. Se enseña a reflexionar en como las circunstancias del pasado pueden configurar las condiciones del presente y las esperanzas del futuro. El ejemplo tomado de las realizaciones pasadas es la base de las realizaciones futuras. Cada uno de nosotros tenemos el sagrado deber de perfeccionar la obra de nuestros antepasados que a su vez, perfeccionaron la obra de la creación. La razón de nuestra existencia está clara en el pasaje bíblico que dice: “Así en la tierra como en el cielo”. (*El cielo representa para los yorubas la morada de los familiares difuntos - Ode ara òrun).

La reverencia que se concedió a los parientes difuntos que se creían que se volvían seres espirituales poderosos o, menos frecuentemente, para haber logrado el estado de dioses, está basado en la creencia de que los antepasados son miembros activos de la sociedad y todavía están interesado en los asuntos de sus parientes vivientes. El culto a los antepasados es común, aunque no universal. En general, se cree que los antepasados manejan con gran autoridad y tienen poderes especiales para influir en el curso de los eventos o controlar el bienestar de sus parientes vivientes. La protección de la familia es uno de sus preocupaciones principales. Ellos son considerados intermediarios entre el dios supremo, o los dioses y las personas.

Eegun (Egúngún) es el Òrishà que simboliza a todos los antepasados hombres de un linaje. En su sentido metafórico, representa nuestros hábitos familiares y las costumbres legadas mediante las enseñanzas de la escuela familiar dirigidas por el más viejo, desde el preciso momento del surgimiento de los clanes.

Eegun además, es el antepasado común o quién se identifica con un tótem común o animal. Los símbolos y las prácticas se basaron en una relación supuesta entre un individuo o un grupo social y un objeto natural conocidos como un tótem. El tótem puede ser una especie particular de pájaro, animal o planta, un fenómeno natural o un rasgo del paisaje con el que un grupo cree que se unió de alguna manera. La descendencia puede remontarse a un antepasado totémico original que se vuelve el símbolo del grupo. Los yorubas individualmente se han conocido por cultivar una amistad personal con un animal totémico (Ekùn – leopardo) particular o planta. Interpretarse así como un dispositivo conceptual para ordenar a los grupos sociales por medio de los emblemas naturales. Los tótemes se identifican y simbolizan a un grupo en el que se comparte el interés común particularmente para la protección del pariente miembro.

Los yorubas aseguran que los difuntos reencarnan en sus nietos y biznietos. Bàbátúndé (el padre a regresado) es el nombre que lleva un niño nacido inmediatamente después de la muerte de su abuelo y Yeyétúndé el nombre de la niña nacida después de la muerte inmediata de la abuela. Es muy común, durante la invocación a los antepasados, asistir a los difuntos que han muerto en su mayoría de edad. La muerte está hecha para la edad avanzada y dadas las condiciones correctas, cada persona debería vivir hasta una edad madura. La muerte de una persona anciana es una ocasión de regocijo porque la persona solo ha sido llamada a casa y sus hijos viven para enterrarle. Cuando se escucha hablar sola a una persona envejeciente, se cree que está hablando a sus asociados o parientes que ya han partido. Si se pregunta, dirá algo que lo confirme. Los yorubas dicen de tales personas envejecidas, que ya no escuchan lo que decimos; ya que su conversación es con aquellos que están “en el otro lado”

Los peligros que entraña la relación directa con los ancestros a través de la reencarnación parcial.

La reencarnación parcial es que aquellos que han entrado en la Vida Después, ahí se mantienen y ahí los sobrevivientes y sus hijos después de ellos pueden mantener interacción ininterrumpida con ellos, especialmente si ellos han sido buenas personas en la tierra y estaban maduros (sanos) a la hora de su muerte. Aquellos que están en el mundo pueden tener una comunión con ellos y que aquellos están allí con todas las cualidades intactas.

Esto demuestra que la adoración a los ancestros es una nomenclatura para aquello que de hecho no es “Adoración”, pero si una manifestación de una relación familiar irrompible entre los padres que han partido de este mundo y sus retoños que aún están aquí. Se cree que nuestros familiares muertos mantienen un contacto con sus familiares vivos de tiempo en tiempo para luego volver a reencarnar. La primera reaparición se manifiesta a los 40 días después de su fallecimiento y luego, después, una vez por año.

Mediante el culto a los ancestros hay ciertas características lineales dominantes que siguen recurriendo a través de nacimientos y así aseguran la continuidad de la existencia vital de la familia o clan. Dentro de la liturgia yoruba, se le realizan diferentes tipos de ofrecimientos e invocaciones para recibir estas características y adquirir, mediante ello, determinadas facultades que nos son necesarias para afrontar los problemas existenciales.

Los yorubas creen que el difunto puede ser visto a través de sueños o trances y que ellos pueden impartir información o explicación, que pueden dar instrucciones sobre asuntos en los que la familia está en serios aprietos. También pueden enviar mensajes a través de otras personas. Otros pueden curar las enfermedades en los niños. Si hay una pestilencia, por ejemplo, la viruela, o un número grande de muertes súbitas o una proporción alta de mortalidad infantil en un pueblo, se dan ofrendas a los Eegun y la furia del desastre mengua. Son dos razones bastante comunes para buscar la ayuda del Òrishà Eegun.

Los difuntos pueden, también, aparecer a una persona ya sea para dar dirección o ayuda, o para molestar. En muchas ocasiones a través de los ofrecimientos realizados recibimos, de los difuntos, las influencias nefastas que fueron causas de sus dolencias cuando eran seres encarnados. Algunos antepasados pueden afligir a los seres humanos con enfermedades mentales, sobre todo causándoles ver a los seres sobrenaturales en sueños.

Los ritos que se llevan a cabo, deben guardar ciertas exigencias para que se reciban los más altos valores, de los antepasados, mediante la metempsicosis (transmigración de las almas de un cuerpo a otro) y evitar la transmisión, o legado espiritual de los malos hábitos y adversidades que dañaron su existencia terrenal.

Las prácticas “Espiritistas” no aseguran dichas exigencias y representan, en el mundo actual, el principal foco de transmisión de achaques, enfermedades, problemas sociales y de los malos legados espirituales de nuestros ancestros. Ejemplo de ello lo podemos encontrar en ciertas que pertenecen a los odù Ifá Òtura Oniko, Òdí Òshé y Òtura Òbàrà.

Estamos seguros de que la mayoría de los problemas sociales que se presentan en la vida cotidiana de los practicantes del culto yoruba y espiritista, son producto de la evocación indiscriminada de ciertos difuntos que, “cuando animaban carne”, tuvieron imnumerables problemas, también sociales. Así como, con la adoración a nuestros antepasados esclavos incorporamos, a nuestra vida y a nuestra formación, todos los lamentos y marginaciones a que estos fueron sometidos. El hecho se comprueba, en este momento histórico, cuando analizamos que un gran por ciento de los practicantes están vetados de los privilegios sociales y que su suerte esta limitada en la marcha escalonada del desarrollo de la actual civilización.

En los practicantes muchas veces notamos actitudes de sumisión, bajo nivel intelectual, violencia, prejuicios, mala conducta social que, generalmente, los conlleva a una reclusión penitenciaria, problemas familiares que inciden en la unión de la familia, etc. Se pueden observar muchos razgos que son inherentes a nuestros antepasados esclavos. Todas las visicitudes del pasado se han ido transmitiendo de una generación a otra, no sólo por una mala formación en el seno de la familia sino, fundamentalmente, por la metempsicosis que se producen mediante el culto a nuestros antepasados.

Concepto filosófíco del culto a los antepasados.

Los Yoruba generalmente distinguen por lo menos, tres almas separadas:

Èmí (la respiración)
Orí u Elédàá (la cabeza).
Òjìjì (la sombra)

Definiciones.

Èmí (respiración, sangre, algo que existe a lo largo del cuerpo), el significado general es que èmí es el espíritu del hombre, el principio vital, misterioso que distingue a una persona viviente de una persona muerta.

Orí es el invisible e intangible. Es el destino de uno, es lo que llamamos suerte. Si uno es afortunado en la vida, es debido a un Orí bueno. Si uno tiene muchos infortunios, éstos son debidos a un Orí malo. En este sentido invisible, Orí quiere decir también compañero doble o espíritu guardián (Elédàá). El Orí de uno lo sigue a la tierra y continúa con él después de su muerte. (ver odù Ifá Ogbè yonu)

Ojìjì, según Bascom, no tiene ninguna función durante la vida. Ella sigue al cuerpo nada más que superficialmente. Òjìji asciende al cielo para unirse a los miembros muertos de la familia. La sombra de una persona no se puede capturar para ser usada por una persona viviente para sus propios propósitos. Pero si la presencia del Òjìjì de un difunto, puede asistirnos en la vida para realizar, de forma exitosa, determinadas obras. Cuando se invoca a un difunto líder religioso, su Ojìjì puede influir en que se realice una buena liturgia. En el caso de un asesinato, sin embargo, un pariente puede utilizar la sombra de la víctima para vengar el crimen.

Seguidamente veremos los espíritus fundamentales que hay que tener en cuenta en la realización de la liturgia y de los sacrificios a nuestros antepasados.

1.- Èmí.- Es mediante el cual, a través de los ìyèrè, podemos lograr la asistencia del difunto.

2.- Òrí.- Se mantiene en el cuerpo del animal del sacrificio (quien representa al difunto). El destino propio del difunto (orí) debe acompañarlo en su largo viaje, este no es inherentes a nosotros.

3.- Òjìjì.- Es la influencia del difunto que recibimos en el medio (la sombra del árbol que nos cobija y asiste – Igi bàálè le yí wò). Representa el regreso.

4.- Okàn.- Asiento de la emoción y de la energía física. Este espíritu se aloja en el corazón de los seres humanos, en algunos casos lo comemos del animal sacrificado para recibir la energía física y emotiva del difunto, siempre y cuando hayan sido buenas.

5.- Iponri (ipin ori).- La suerte de Orí. – Vive en los dedos gordos de las personas, a los animales que son ofrecidos se le amarran las patas para no recibir la suerte del difunto.


Nota.- Existe un espíritu denomidado Enikèjì, cada ser humano tiene un doble, si soñamos con asistir a una recolección de frutos, ese doble está en asistencia. Los sinónimos de Orí en el sentido invisible incluyen: ìpín, òjìji y enikejì.- Es el que nos proporciona desde el cielo las buenas cosas del difunto. Mediante el sacrificio se logra la interelación del doble espiritual (enikeji) del difunto del que tomamos los más preciados valores morales y espirituales. En el caso de los animales que se le sacrifican a las divinidades, se le arranca la cabeza y éstos representan a la persona que lo ofrece. Los animales van al cielo sin cabeza (a casa de Ajala) para recibir un nuevo destino o conducta. Al mismo tiempo, materializamos, en nosotros, ciertos valores que emanan de los artículos que fueron ofrecidos como sacrificio. El que se ofrece a Eegun representa al difunto (no se le arranca la cabeza – nadie puede ser enterrado sin su Orí), al cual se le rinden todos los honores de un cadáver y solo lo convocamos para recibir la parte espiritual (Òjìjì - ideas) y no materializar su anterior vida.



“Visitantes del Cielo – Ara òrun.”





Antepasados.

Es un elemento cardinal en la educación yoruba el honrar el pasado antes de emprender una nueva tarea. Se enseña a reflexionar en como las circunstancias del pasado pueden configurar las condiciones del presente y las esperanzas del futuro. El ejemplo tomado de las realizaciones pasadas es la base de las realizaciones futuras. Cada uno de nosotros tenemos el sagrado deber de perfeccionar la obra de nuestros antepasados que a su vez, perfeccionaron la obra de la creación. La razón de nuestra existencia está clara en el pasaje bíblico que dice: “Así en la tierra como en el cielo”. (*El cielo representa para los yorubas la morada de los familiares difuntos - Ode ara òrun).

La reverencia que se concedió a los parientes difuntos que se creían que se volvían seres espirituales poderosos o, menos frecuentemente, para haber logrado el estado de dioses, está basado en la creencia de que los antepasados son miembros activos de la sociedad y todavía están interesado en los asuntos de sus parientes vivientes. El culto a los antepasados es común, aunque no universal. En general, se cree que los antepasados manejan con gran autoridad y tienen poderes especiales para influir en el curso de los eventos o controlar el bienestar de sus parientes vivientes. La protección de la familia es uno de sus preocupaciones principales. Ellos son considerados intermediarios entre el dios supremo, o los dioses y las personas.

Eegun (Egúngún) es el Òrishà que simboliza a todos los antepasados hombres de un linaje. En su sentido metafórico, representa nuestros hábitos familiares y las costumbres legadas mediante las enseñanzas de la escuela familiar dirigidas por el más viejo, desde el preciso momento del surgimiento de los clanes.

Eegun además, es el antepasado común o quién se identifica con un tótem común o animal. Los símbolos y las prácticas se basaron en una relación supuesta entre un individuo o un grupo social y un objeto natural conocidos como un tótem. El tótem puede ser una especie particular de pájaro, animal o planta, un fenómeno natural o un rasgo del paisaje con el que un grupo cree que se unió de alguna manera. La descendencia puede remontarse a un antepasado totémico original que se vuelve el símbolo del grupo. Los yorubas individualmente se han conocido por cultivar una amistad personal con un animal totémico (Ekùn – leopardo) particular o planta. Interpretarse así como un dispositivo conceptual para ordenar a los grupos sociales por medio de los emblemas naturales. Los tótemes se identifican y simbolizan a un grupo en el que se comparte el interés común particularmente para la protección del pariente miembro.

Los yorubas aseguran que los difuntos reencarnan en sus nietos y biznietos. Bàbátúndé (el padre a regresado) es el nombre que lleva un niño nacido inmediatamente después de la muerte de su abuelo y Yeyétúndé el nombre de la niña nacida después de la muerte inmediata de la abuela. Es muy común, durante la invocación a los antepasados, asistir a los difuntos que han muerto en su mayoría de edad. La muerte está hecha para la edad avanzada y dadas las condiciones correctas, cada persona debería vivir hasta una edad madura. La muerte de una persona anciana es una ocasión de regocijo porque la persona solo ha sido llamada a casa y sus hijos viven para enterrarle. Cuando se escucha hablar sola a una persona envejeciente, se cree que está hablando a sus asociados o parientes que ya han partido. Si se pregunta, dirá algo que lo confirme. Los yorubas dicen de tales personas envejecidas, que ya no escuchan lo que decimos; ya que su conversación es con aquellos que están “en el otro lado”

Los peligros que entraña la relación directa con los ancestros a través de la reencarnación parcial.

La reencarnación parcial es que aquellos que han entrado en la Vida Después, ahí se mantienen y ahí los sobrevivientes y sus hijos después de ellos pueden mantener interacción ininterrumpida con ellos, especialmente si ellos han sido buenas personas en la tierra y estaban maduros (sanos) a la hora de su muerte. Aquellos que están en el mundo pueden tener una comunión con ellos y que aquellos están allí con todas las cualidades intactas.

Esto demuestra que la adoración a los ancestros es una nomenclatura para aquello que de hecho no es “Adoración”, pero si una manifestación de una relación familiar irrompible entre los padres que han partido de este mundo y sus retoños que aún están aquí. Se cree que nuestros familiares muertos mantienen un contacto con sus familiares vivos de tiempo en tiempo para luego volver a reencarnar. La primera reaparición se manifiesta a los 40 días después de su fallecimiento y luego, después, una vez por año.

Mediante el culto a los ancestros hay ciertas características lineales dominantes que siguen recurriendo a través de nacimientos y así aseguran la continuidad de la existencia vital de la familia o clan. Dentro de la liturgia yoruba, se le realizan diferentes tipos de ofrecimientos e invocaciones para recibir estas características y adquirir, mediante ello, determinadas facultades que nos son necesarias para afrontar los problemas existenciales.

Los yorubas creen que el difunto puede ser visto a través de sueños o trances y que ellos pueden impartir información o explicación, que pueden dar instrucciones sobre asuntos en los que la familia está en serios aprietos. También pueden enviar mensajes a través de otras personas. Otros pueden curar las enfermedades en los niños. Si hay una pestilencia, por ejemplo, la viruela, o un número grande de muertes súbitas o una proporción alta de mortalidad infantil en un pueblo, se dan ofrendas a los Eegun y la furia del desastre mengua. Son dos razones bastante comunes para buscar la ayuda del Òrishà Eegun.

Los difuntos pueden, también, aparecer a una persona ya sea para dar dirección o ayuda, o para molestar. En muchas ocasiones a través de los ofrecimientos realizados recibimos, de los difuntos, las influencias nefastas que fueron causas de sus dolencias cuando eran seres encarnados. Algunos antepasados pueden afligir a los seres humanos con enfermedades mentales, sobre todo causándoles ver a los seres sobrenaturales en sueños.

Los ritos que se llevan a cabo, deben guardar ciertas exigencias para que se reciban los más altos valores, de los antepasados, mediante la metempsicosis (transmigración de las almas de un cuerpo a otro) y evitar la transmisión, o legado espiritual de los malos hábitos y adversidades que dañaron su existencia terrenal.

Las prácticas “Espiritistas” no aseguran dichas exigencias y representan, en el mundo actual, el principal foco de transmisión de achaques, enfermedades, problemas sociales y de los malos legados espirituales de nuestros ancestros. Ejemplo de ello lo podemos encontrar en ciertas que pertenecen a los odù Ifá Òtura Oniko, Òdí Òshé y Òtura Òbàrà.

Estamos seguros de que la mayoría de los problemas sociales que se presentan en la vida cotidiana de los practicantes del culto yoruba y espiritista, son producto de la evocación indiscriminada de ciertos difuntos que, “cuando animaban carne”, tuvieron imnumerables problemas, también sociales. Así como, con la adoración a nuestros antepasados esclavos incorporamos, a nuestra vida y a nuestra formación, todos los lamentos y marginaciones a que estos fueron sometidos. El hecho se comprueba, en este momento histórico, cuando analizamos que un gran por ciento de los practicantes están vetados de los privilegios sociales y que su suerte esta limitada en la marcha escalonada del desarrollo de la actual civilización.

En los practicantes muchas veces notamos actitudes de sumisión, bajo nivel intelectual, violencia, prejuicios, mala conducta social que, generalmente, los conlleva a una reclusión penitenciaria, problemas familiares que inciden en la unión de la familia, etc. Se pueden observar muchos razgos que son inherentes a nuestros antepasados esclavos. Todas las visicitudes del pasado se han ido transmitiendo de una generación a otra, no sólo por una mala formación en el seno de la familia sino, fundamentalmente, por la metempsicosis que se producen mediante el culto a nuestros antepasados.

Concepto filosófíco del culto a los antepasados.

Los Yoruba generalmente distinguen por lo menos, tres almas separadas:

Èmí (la respiración)
Orí u Elédàá (la cabeza).
Òjìjì (la sombra)

Definiciones.

Èmí (respiración, sangre, algo que existe a lo largo del cuerpo), el significado general es que èmí es el espíritu del hombre, el principio vital, misterioso que distingue a una persona viviente de una persona muerta.

Orí es el invisible e intangible. Es el destino de uno, es lo que llamamos suerte. Si uno es afortunado en la vida, es debido a un Orí bueno. Si uno tiene muchos infortunios, éstos son debidos a un Orí malo. En este sentido invisible, Orí quiere decir también compañero doble o espíritu guardián (Elédàá). El Orí de uno lo sigue a la tierra y continúa con él después de su muerte. (ver odù Ifá Ogbè yonu)

Ojìjì, según Bascom, no tiene ninguna función durante la vida. Ella sigue al cuerpo nada más que superficialmente. Òjìji asciende al cielo para unirse a los miembros muertos de la familia. La sombra de una persona no se puede capturar para ser usada por una persona viviente para sus propios propósitos. Pero si la presencia del Òjìjì de un difunto, puede asistirnos en la vida para realizar, de forma exitosa, determinadas obras. Cuando se invoca a un difunto líder religioso, su Ojìjì puede influir en que se realice una buena liturgia. En el caso de un asesinato, sin embargo, un pariente puede utilizar la sombra de la víctima para vengar el crimen.

Seguidamente veremos los espíritus fundamentales que hay que tener en cuenta en la realización de la liturgia y de los sacrificios a nuestros antepasados.

1.- Èmí.- Es mediante el cual, a través de los ìyèrè, podemos lograr la asistencia del difunto.

2.- Òrí.- Se mantiene en el cuerpo del animal del sacrificio (quien representa al difunto). El destino propio del difunto (orí) debe acompañarlo en su largo viaje, este no es inherentes a nosotros.

3.- Òjìjì.- Es la influencia del difunto que recibimos en el medio (la sombra del árbol que nos cobija y asiste – Igi bàálè le yí wò). Representa el regreso.

4.- Okàn.- Asiento de la emoción y de la energía física. Este espíritu se aloja en el corazón de los seres humanos, en algunos casos lo comemos del animal sacrificado para recibir la energía física y emotiva del difunto, siempre y cuando hayan sido buenas.

5.- Iponri (ipin ori).- La suerte de Orí. – Vive en los dedos gordos de las personas, a los animales que son ofrecidos se le amarran las patas para no recibir la suerte del difunto.


Nota.- Existe un espíritu denomidado Enikèjì, cada ser humano tiene un doble, si soñamos con asistir a una recolección de frutos, ese doble está en asistencia. Los sinónimos de Orí en el sentido invisible incluyen: ìpín, òjìji y enikejì.- Es el que nos proporciona desde el cielo las buenas cosas del difunto. Mediante el sacrificio se logra la interelación del doble espiritual (enikeji) del difunto del que tomamos los más preciados valores morales y espirituales. En el caso de los animales que se le sacrifican a las divinidades, se le arranca la cabeza y éstos representan a la persona que lo ofrece. Los animales van al cielo sin cabeza (a casa de Ajala) para recibir un nuevo destino o conducta. Al mismo tiempo, materializamos, en nosotros, ciertos valores que emanan de los artículos que fueron ofrecidos como sacrificio. El que se ofrece a Eegun representa al difunto (no se le arranca la cabeza – nadie puede ser enterrado sin su Orí), al cual se le rinden todos los honores de un cadáver y solo lo convocamos para recibir la parte espiritual (Òjìjì - ideas) y no materializar su anterior vida.

domingo, 27 de abril de 2008

ODDUWA - ODDUA - ODUDUA

odudua

 

Fue el primer rey de Oyó y muerto mayor. Fundador con Oggun de la dinastía de Benin y Oyó. Es considerado, también, primer rey de los yorubas y primer rey de Ifé. Representa los misterios y secretos de la muerte y es orisha fún fún (blanco), dueño de la soledad y andrógino.

Odudúa, Oddún y Orula son hermanos que siempre andan juntos formando una trinidad. Por Odudúa se conoce a Olorun y se intuye a Olofi. Su mujer se llama Odduaremú u Oñó-Oró. También es considerado en algunos casos como un camino de Obbatalá. Puede ser el más viejo de todos, el que creó a los dieciséis Obbatalá. Como creador y hacedor de la justicia, es visto como un elemento divino e impersonal.

No es orisha que deba ser entregado por pais de santos sino que debe mirarse por babalawos (aquel que tira los buzios). No se asienta directamente en la cabeza de sus hijos, sino es Obbatalá el santo que hacen.

En el culto arará se le llama Oddúa Daa. En el diloggún habla en Eyeúnle (8), Eyeúnle Meyi (8-8) y Metadiloggún (16). Su día es el jueves y su color es el blanco.

MITO (PATAKI)

Cuando Olofi quiso hacer el mundo, bajó con Obbatalá (ese Obbatalá es el más viejo de todos, es Obbatalá-Oddúa). En el entusiasmo de la creación, Olofi hizo cosas maravillosas (como la ceiba, las nuebes, el arcoiris y el pájaro zun-zun), pero también tuvo fracasos y dejó otras por la mitad. A los hombres, por ejemplo, los dejó sin cabeza. Como es natural, andaban sin dirección y el mundo parecía una casa de locos. Molesto, Olofi le encargó a Oddúa que les hiciera cabezas. Éste las hizo, pero las dejó con un solo ojo. Tuvo que venir Ibá-Ibó para ponerles los ojos donde ahora están y darles boca, voz y palabra. Entonces, los hombres empezaron a ser como los conocemos y todo pareció bien. Hoy, sin embargo, amenazan desbaratar toda la creación de Olofi, y uno no sabe si echarle la culpa al padre de los orishas o a Oddúa, o si ponerse triste, o si echarse a reir.

Odudua es mas un personaje histórico que un Orixá; guerrero temible, invasor y vencedor de los igbos, fundador de la ciudad de Ifé y padre de las diversas naciones yorubas. Odudua se transforma en objeto de culto a partir de su muerte, centrándo su culto en el mito de los ancestros o culto de los antiguos. Hay autores que opinan que las personas que rinden culto a Odudua no entran en un auténtico trance, por lo cual difieren en el punto de vista de considerarlo dentro del culto de los Orixás, considerándolo básicamente dentro del culto a los ancestros místicos.

Existe una unión entre Obatalá y Odudua. Hay quien considera que Odudua era la esposa de Obbatalá (lo cual viene a contradecir el mito de que era Iemanjá la que ocupaba ese puesto). A raíz de ese tipo de creencias se llegó a la conclusión de la existencia de los dos principios eternos en la naturaleza: Obatalá – macho, Odudua – hembra, o lo que es lo mismo, Obatalá es el firmamento y Odudua la tierra. Estas mismas divinidades llevan los nombres de Lisa y Mawu, nombres dados a estos por los fon. Lisa representaría el principio masculino, el dia, el sol mientras que Mawu, representaría el principio femenino, la noche, la luna. Aunque eso si que lo debemos dejar claro, éste último es un concepto que identifica a ambos Orixás con Obatalá e Iemanjá.

Historia de Chango La Espada y el Rayo

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Santa Bárbara nació en Nicomedia, capital de Bitinia, en la Turquía asiática. Dióscoro, su padre, de origen judío, militar de carrera, rico, orgulloso y brutal, la encerró en una torre que sólo tenía una poceta y dos ventanas por donde entraba el sol, su único privilegio.

Al partir a la guerra, su padre la dejó rodeada de lujos y maestros famosos para que así obtuviera una educación como correspondía a su rango social.

Con el tiempo, Bárbara se fue percatando de la falsedad de la doctrina pagana y de sus deidades. Aunque Roma dominaba al mundo, pudo hacer llegar un mensaje al sabio católico Orígenes, quien le envió a un discípulo suyo, Valencio, quien la instruyó en los libros sagrados, la fe cristiana y la bautizó.

Al regresar de la guerra, su padre la encontró cambiada y le instó a que le dijera la causa de su cambio, a lo que Bárbara se confesó cristiana. Dióscoro trató de disuadirles, pero ella continuaba confesándose cristiana. Fue entregada a la justicia del pretor Marciano quien mandó a que la azotaran durante tres días. La acostaron sobre pedazos de vidrios y puntas de lanza, abrieron sus heridas con sal y vinagre y la arrojaron a un calabozo oscuro. Allí se le apareció Jesús, quien curó sus heridas y alimentó su fe cristiana. Al verla el pretor con fuerza e intuir el milagro, mandó a que la torturaran nuevamente, mientras ella seguía sonriendo, orando, firme en su fe cristiana. Fue entonces que la expusieron desnuda por toda la ciudad dándole latigazos. Una vez humillada y sin lograr que negara a Jesús, fue sentenciada a muerte. Su padre fue el verdugo, sacó su espada y la degolló.

De regreso a su casa Dióscoro, en compañía del pretor Marciano, una centella de rayo los mató, ante un cielo sereno y sin nubes. Esto sucedió alrededor del año 238.

La fiesta patronal de esta virgen-mártir se celebra el 4 de diciembre, aunque en 1969 desapareció del calendario romano.

Por su parte, Changó llega a Cuba en los barcos negreros que transportaban grandes cargamentos de esclavos para trabajar en las plantaciones del nuevo continente. Con los esclavos vino este orisha, su culto, sus relatos, su vitalidad y colorido; a partir de entonces, se fue transmitiendo de padres a hijos a través de la memoria oral. Fue así como se asentó en nuestra tierra.

Changó es un orisha o deidad mayor. Es dios del fuego, del rayo, del trueno, de la guerra, de los ilú-batá, del baile, la música y la belleza viril. Es patrón de los guerreros y los artilleros. Este orisha es hijo de Ibaíbo y de Yemmú.

A Changó se le atribuyen muchas virtudes y defectos de los hombres. Es buen trabajador, muy valiente, amigo digno de apreciar, adivino; también es algo mentiroso, mujeriego, en algunas ocasiones, pendenciero, jactancioso y jugador. Como padre se ocupa del hijo mientras éste le obedece, mas no lo admite cobarde. Los Ibeyis son sus hijos. Changó posee también innumerables amantes; ello no le impide tener sus propias mujeres: Oyá, Obba Yurú y Ochún.

Este orisha es muy respetuoso de los egguns. A veces se le representa a caballo como un soldado. En la tierra yoruba, Nigeria, esta deidad era rey de la ciudad de Oyó; se dice que cometió suicidio y, a partir de entonces, se convirtió en orisha.

Existen diversas leyendas o pattakíes en Cuba que refieren la historia de Changó, muchas de ellas se encuentran plasmadas en antiguas libretas, ordenadas según los oddunes del sistema adivinatorio de Ifá en que habla esta deidad, y otras de ellas recogidas por la tradición oral de nuestro pueblo, una de ellas cuenta:

Changó desafiaba a Oggún al convertir a Oyá en su mujer. Estando el amante en casa de Oyá, dueña de las centellas y los temporales, de pronto, enterado, se apareció Oggún; rodeó la casa con un ejército formado por todo tipo de armas hechas en su fragua; interpelaba bruscamente a Changó a que saliera y le enfrentase batalla.

Oyá, muy respetada y querida en su pueblo, y bajo la influencia de su amor por Changó, se cortó sus largas trenzas; se quitó también su saya de nueve colores y su pañuelo. Vistió a Changó con todo esto. Luego abrió la puerta de su casa y Changó, vestido con la indumentaria de su amante, se abrió paso entre la multitud, imitando el majestuoso paso de Oyá. Vestido así, logró escapar de la ira de Oggún, su eterno rival en el amor.

Sería demasiado extenso narrar las múltiples facetas de la vida de Changó.

Este orisha es capaz de resumir en sí todas las virtudes y defectos y, como se puede observar, ni la historia ni el relato sobre el origen de Santa Bárbara y de Changó guardan algo en común, más bien se trata de dos historias que muestran un cierto paralelismo hasta que la misma vida los pone en suelo cubano y se unifican las dos tradiciones de las culturas africana y europea.